¿Autocuidado o autoexigencia?
El inicio de un nuevo año suele venir cargado de entusiasmo y energía para plantearnos cambios y metas. «Este año voy a hacer ejercicio todos los días», «voy a leer 50 libros», «mejoraré en el trabajo» o «cambiaré mis hábitos por completo». Estas frases son familiares, ¿Verdad? Pero, ¿Qué hay detrás de estos propósitos tan ambiciosos? ¿Nos ayudan realmente a crecer o terminan convirtiéndose en una fuente de frustración y autoexigencia?
Autoexigencia cuando nos proponemos los propósitos de año nuevo
Muchas veces, los propósitos que nos imponemos están cargados de un deseo de «perfección» que puede venir de varios lugares: las expectativas sociales, las redes sociales y la cultura de la productividad nos bombardean con imágenes de éxito y «vidas perfectas», lo que puede generar una sensación de que debemos aspirar a más, incluso cuando ya estamos agotados. También está la comparación constante, cuando miramos a nuestro alrededor y sentimos que estamos «quedándonos atrás» respecto a los demás. Además, a veces tras los grandes objetivos hay una sensación de insuficiencia personal que nos impulsa a «hacer más» o «ser más».
Cuando nuestras metas surgen desde estos lugares, suelen ser poco realistas y desconectadas de nuestras verdaderas necesidades. Esto puede llevarnos al agotamiento, la culpa o la frustración al no poder cumplir con lo que nos propusimos. La presión de alcanzar metas poco realistas puede aumentar el estrés y hacernos sentir abrumados. Además, si no logramos cumplir con nuestras expectativas, tendemos a castigarnos y reforzamos la creencia de que no somos lo suficientemente buenos. Nos enfocamos tanto en cumplir un ideal externo que dejamos de escuchar lo que realmente necesitamos o deseamos y ahí se termina el autocuidado antes de empezar.
En lugar de fijarnos metas que nacen desde la exigencia o la comparación, podemos plantearnos propósitos más realistas y amables. Este enfoque parte de escuchar nuestras necesidades y cuidarnos emocional y físicamente.
5 pasos para identificar qué propósitos establecer este año de forma sana
Te proponemos hacer un ejercicio para ayudar a identificar qué necesitas realmente y a crear propósitos que respeten tu ritmo y bienestar:
- Haz una pausa y reflexiona.
- Busca un lugar tranquilo, toma una hoja de papel y escribe: ¿Qué aspectos de mi vida me están generando malestar o incomodidad? ¿Qué necesito en este momento para sentirme mejor? Por ejemplo: «Me siento cansado/a y necesito descansar más» o «He estado desconectado/a de mis amigos y quiero retomar esas relaciones».
- Piensa en pequeños pasos. En lugar de plantearte metas grandes y abstractas, piensa en acciones concretas y alcanzables. Pregúntate: ¿Cuál es el más pequeño paso que puedo dar hacia este objetivo? Por ejemplo, en lugar de «Voy a hacer ejercicio todos los días», puedes proponerte «Voy a dar un paseo de 10 ahora».
- Después, escribe una declaración amable y redacta tus propósitos en un tono positivo y compasivo. Evita palabras como «debo» o «tengo que» y reemplázalas por «quiero» o «me gustaría». Esto cambia la perspectiva de obligación por una de cuidado personal. Por ejemplo: «Quiero darme tiempo para descansar porque mi cuerpo lo necesita».
- Finalmente, visualiza el éxito sin perfección. Imagina cómo te sentirás al cumplir ese pequeño paso. No necesitas que sea perfecto; solo suficiente para avanzar. Cada cierto tiempo, revisa tus propósitos y pregúntate: ¿Esto sigue alineado con lo que necesito? Si no es así, ajústalos sin culpa.
Los propósitos del Año Nuevo pueden ser una herramienta poderosa para crecer, pero solo si nacen desde un lugar de amor y autocuidado. Recuerda que no necesitas demostrar nada a nadie, ni siquiera a ti mismo. Tus metas no tienen que ser perfectas; tienen que ser tuyas, y lo suficientemente amables para acompañarte en tu camino. Este año, plantéate propósitos que no te presionen, sino que te nutran. Tú mereces vivir el proceso de cambio desde la tranquilidad y el cuidado propio. ¡Haz que 2025 sea un año para conectar contigo mismo/a!